La expansión del Mundial a 48 equipos y la reintroducción de los terceros clasificados han generado preocupación sobre la integridad deportiva del torneo. Esta modificación del formato recuerda al controvertido partido entre Alemania Occidental y Austria en el Mundial de 1982, conocido como el "pacto de Gijón”, donde un resultado específico clasificó a ambos equipos. Expertos temen que el nuevo sistema incentive colusiones entre selecciones para alcanzar los puestos de clasificación. La posibilidad de que un empate beneficie a dos equipos aumenta el riesgo de comportamientos no éticos. La FIFA enfrenta el desafío de garantizar la transparencia y la competencia justa en el nuevo formato. Este debate pone de relieve la vulnerabilidad del torneo a la manipulación estratégica de resultados. La sombra del "pacto de Gijón" advierte sobre los posibles efectos negativos de la ampliación.