Investigadores de Harvard destacan el "dead bug" como un ejercicio fundamental para mejorar la calidad de vida a medida que envejecemos. Este ejercicio, de baja intensidad y adaptable a cualquier nivel de condición física, fortalece los músculos profundos del core. Un core fuerte es esencial para mantener el equilibrio, facilitar el movimiento y prevenir lesiones comunes en la tercera edad. La práctica regular del "dead bug" contribuye a una mejor estabilidad y funcionalidad física. Su simplicidad permite su incorporación fácil a rutinas de ejercicio existentes o como punto de partida para quienes buscan mejorar su fuerza central. Expertos recomiendan su inclusión para promover un envejecimiento activo y saludable.
