La psicología advierte sobre los efectos negativos de vivir en ambientes con poca luz. Mantener las casas oscuras, aunque sea un hábito, puede afectar directamente el estado de ánimo de las personas. Esta costumbre también puede perturbar los patrones de sueño, generando consecuencias a largo plazo en la salud mental. Expertos señalan que la exposición a la luz natural es crucial para regular el ciclo circadiano y la producción de serotonina, neurotransmisor relacionado con el bienestar. La falta de iluminación puede contribuir a sentimientos de tristeza, apatía e incluso depresión. Por lo tanto, se recomienda priorizar la luz natural y la iluminación artificial adecuada para promover un ambiente más saludable y positivo.
