Un restaurante en la ciudad danesa de Køge ha implementado una política inusual: cobrar a los clientes por la carne que dejan en sus platos. Si un comensal no termina tres o más trozos de carne, se le aplica una multa de 25 coronas danesas (aproximadamente 81 coronas checas) por cada pieza no consumida. La medida busca reducir el desperdicio de alimentos y concienciar a los clientes sobre el valor de los productos. El restaurante argumenta que la carne es costosa y que el desperdicio afecta sus márgenes de beneficio. La polémica ha surgido sobre si esta política es justa para los clientes y si es una forma efectiva de combatir el desperdicio alimentario. Algunos críticos sugieren que podría disuadir a los clientes de pedir ciertos platos.

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