El artículo analiza cómo las instituciones no estatales socavan la identidad de Taiwán al imponer terminología subordinada, incluso en contextos aparentemente apolíticos. Se argumenta que las respuestas diplomáticas tradicionales son inadecuadas para abordar este problema. La autora propone un enfoque multifacético que incluye la coordinación entre el gobierno y actores privados para desafiar las decisiones sobre denominaciones. Además, se sugiere movilizar presión por parte de las partes interesadas y mitigar los daños cuando revertir estas decisiones resulta imposible. El estudio destaca la necesidad de estrategias proactivas para proteger la identidad de Taiwán en las arenas internacionales no estatales. Esto es crucial para contrarrestar la influencia de aquellas instituciones que buscan diluir su reconocimiento como entidad distinta.

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