Una enfermera en el municipio de Arvidsjaur, Suecia, fue sorprendida trabajando con un nivel de alcohol en sangre de 1,84 por mil, pero conservará su empleo con una advertencia formal. La decisión fue tomada por su empleador actual, quien argumenta una responsabilidad de rehabilitación. Anteriormente, la enfermera había sido despedida de un trabajo anterior por robo y consumo de medicamentos controlados en el lugar de trabajo. El jefe de servicios sociales, Peter Öhman, defendió la decisión, enfatizando el deber del empleador de apoyar la recuperación del empleado. La advertencia implica un seguimiento y posibles condiciones para continuar con el puesto. El caso ha generado debate sobre las políticas de manejo de adicciones en el ámbito laboral y la seguridad del paciente. La enfermera podrá continuar ejerciendo su profesión bajo supervisión y con el compromiso de abordar su problema con el alcohol.
