El Jardín de Cactus de Lanzarote, declarado Bien de Interés Cultural, se originó en una cantera de arena volcánica abandonada. Esta rofera, utilizada previamente para la agricultura local, fue transformada por César Manrique en un espacio único. El jardín representa la última gran obra del artista lanzaroteño, destacando su visión de integrar el arte con el paisaje natural. La intervención de Manrique revitalizó un área degradada, convirtiéndola en un atractivo turístico y cultural. El diseño del jardín aprovecha la topografía volcánica y alberga una notable colección de cactus y plantas suculentas. Su reconocimiento como Bien de Interés Cultural subraya su valor artístico e histórico para la isla y para España.