Japón enfrenta una crisis lingüística que a menudo pasa desapercibida en el sistema educativo. Existe una diferencia crítica entre la fluidez conversacional y la competencia académica necesaria para el aprendizaje. Muchos estudiantes pueden comunicarse en situaciones cotidianas, pero fallan al abordar conceptos abstractos. Esta brecha dificCS dificulta el seguimiento de las lecciones impartidas en el aula. Además, la capacidad de producir textos académicos sostenidos seC esKH a ser un desafío significativo. La falta de apoyo especializado impide que los alumnos alcancen el nivel requerido para el éxito educativo. Es fundamental diferenciar estos niveles de lenguaje para mejorar la integración académica.