Los líderes de la Unión Europea están considerando medidas comerciales contra China debido a la competencia desleal que perjudica a la industria europea. La preocupación central radica en el dumping de productos chinos, como paneles solares, baterías y vehículos eléctricos, facilitado por la significativa ayuda estatal que reciben las empresas chinas. Según la OCDE, estas empresas han recibido entre tres y ocho veces más apoyo estatal que sus contrapartes en países industrializados. Esta situación genera un desequilibrio comercial masivo, con importaciones chinas a la UE que superan ampliamente las exportaciones europeas en aproximadamente mil millones de euros diarios. A pesar de la urgencia, la UE se muestra cautelosa, temiendo represalias y una posible guerra comercial, dada su dependencia de China en materias primas clave. La discusión sobre China se aborda de manera indirecta en la cumbre, utilizando eufemismos como "desequilibrios macroeconómicos globales" para evitar tensiones. La posibilidad de que China utilice su control sobre recursos estratégicos como palanca política añade complejidad al debate.
