Un viñedo de Carintia, Austria, está llevando a cabo un experimento de maduración inusual al sumergir 300 botellas de vino en las profundidades del lago Wörthersee. Las botellas han sido depositadas a 30 metros de profundidad y permanecerán allí durante un año. El objetivo es evaluar los efectos de la presión del agua y la temperatura constante en el proceso de envejecimiento del vino. Los expertos esperan que esta técnica pueda influir positivamente en el sabor y la calidad de la bebida. Este método de envejecimiento submarino es una práctica poco común, aunque algunos productores ya lo han probado en otras partes del mundo. Los resultados del experimento serán analizados para determinar si se convierte en una práctica habitual en el viñedo.