Investigadores han utilizado ADN antiguo extraído de semillas de uva para rastrear los orígenes de las tradiciones vinícolas europeas. El estudio, liderado por la Universidad de York, analizó 80 semillas de uva conservadas en un yacimiento etrusco en Italia con una antigüedad de 2.300 años. Los resultados demuestran una conexión genética directa entre esta antigua civilización y las regiones vinícolas actuales del continente. El análisis del ADN revela que las uvas cultivadas por los etruscos son antepasadas directas de variedades utilizadas hoy en día. Este hallazgo proporciona nueva información sobre la propagación de la viticultura en la antigüedad y su influencia en la producción de vino moderna. La investigación subraya la importancia de la genética antigua para comprender la historia de los cultivos y las prácticas agrícolas.