Un ayuno de 36 horas induce al cuerpo a consumir sus reservas de grasa como fuente de energía. Sin embargo, este proceso puede desencadenar una disminución en los niveles de azúcar en sangre, lo que podría generar debilidad o mareos. La deshidratación es otro riesgo asociado, ya que la ingesta de líquidos es crucial durante el ayuno. Aunque el cuerpo se adapta a utilizar grasas, la falta de glucosa puede afectar el rendimiento físico y mental. Es importante destacar que un ayuno prolongado sin supervisión médica puede ser perjudicial para la salud. Se recomienda mantener una adecuada hidratación y considerar las posibles consecuencias antes de iniciar un régimen de ayuno. La respuesta metabólica varía según cada individuo.