En la década de 1980, los sistemas expertos representaron un gran avance en el campo de la Inteligencia Artificial. Estos programas informáticos buscaban replicar el proceso de razonamiento de especialistas humanos en áreas como la medicina, la energía nuclear y la agronomía. Su funcionamiento se basaba en un lenguaje de programación específico que permitía la simulación automática de la toma de decisiones complejas. En ese momento, se depositaron grandes expectativas en su capacidad para imitar la inteligencia humana y resolver problemas complejos. Los sistemas expertos se consideraban una herramienta revolucionaria con potencial para transformar diversas industrias. Sin embargo, las limitaciones de la tecnología de la época impidieron que cumplieran todas las promesas iniciales. A pesar de ello, sentaron las bases para el desarrollo posterior de la IA moderna.
