Un eclipse solar en India en 1868 llevó a astrónomos, incluyendo a Pierre Jules Janssen, a observar una misteriosa línea espectral amarilla. Inicialmente desconcertado, Norman Lockyer identificó este fenómeno como un nuevo elemento, al que llamó helio. Sin embargo, la presencia de helio en la Tierra no fue confirmada hasta 1895, cuando William Ramsay lo aisló de un mineral. Este descubrimiento validó el innovador trabajo de Janssen en el estudio de las protuberancias solares. El evento destaca cómo observaciones astronómicas pueden llevar a descubrimientos químicos fundamentales. El helio, inicialmente detectado en el sol, finalmente se encontró en nuestro planeta. Este hallazgo transformó la comprensión de la composición tanto del sol como de la Tierra.