El Banco Mundial redujo su previsión de crecimiento global a un 2,5 por ciento, citando el aumento de los precios de la energía, la inflación persistente y el incremento de los costos de endeudamiento. La guerra en Ucrania y las crecientes tensiones entre Estados Unidos e Irán son factores clave en esta desaceleración económica. La institución advierte que la economía mundial se enfrenta a un período de crecimiento significativamente más lento que el esperado. El alza de los precios de la energía, impulsada por la inestabilidad geopolítica, está afectando especialmente a las economías en desarrollo. La inflación, que ya era un problema, se ha visto exacerbada por estos factores, obligando a los bancos centrales a aumentar las tasas de interés. Esta combinación de factores amenaza con llevar a la economía global a su punto más bajo desde la recuperación post-COVID.