Un estudio reciente sobre los incendios forestales en Maui, Hawái, revela que las secuelas biológicas, emocionales y sociales persisten tres años después del desastre. La ola de incendios devastadores en Norteamérica y Europa, exacerbada por la crisis climática, ha destruido hogares y bosques, forzando la evacuación de miles de personas. Aunque estos incendios y sus columnas de humo puedan parecer una crisis temporal, la evidencia de incendios anteriores indica que sus efectos pueden durar años. En Canadá, cerca de 1,000 incendios están activos en los bosques boreales, provocando evacuaciones y una peligrosa calidad del aire que ha llegado a grandes ciudades en Canadá y Estados Unidos. Incluso, este problema ha generado tensiones políticas, con acusaciones infundadas sobre el "envenenamiento" del aire estadounidense. La situación actual subraya la necesidad de abordar las causas subyacentes y prepararse para las consecuencias a largo plazo de estos eventos cada vez más frecuentes.