En 1971, once ejemplares de ovejas salvajes fueron introducidos en el Parque Nacional del Teide, en las Islas Canarias. Originalmente liberadas para fines de caza, la población ha crecido significativamente con el paso del tiempo. Más de cuatro décadas después de su introducción, estas ovejas se han convertido en una amenaza para el delicado ecosistema del parque. Su presencia creciente está causando un impacto negativo en la flora local, alterando el equilibrio natural del área protegida. Las autoridades están evaluando estrategias para gestionar la población de ovejas y mitigar los daños causados al Parque Nacional del Teide. La situación destaca los peligros de introducir especies no nativas en entornos sensibles. El futuro del ecosistema del parque depende de soluciones efectivas para controlar esta población invasora.