Un biólogo marino, Madsen, cuestiona la validez de los datos de GPS utilizados para rastrear una ballena varada, sugiriendo que podrían provenir de un ejemplar fallecido. El científico critica la falta de transparencia en la divulgación de los datos de inmersión relacionados con el caso. Madsen solicita que estos datos sean revelados y sometidos a una evaluación independiente por parte de expertos externos. Su argumento se basa en la posibilidad de que la ballena ya estuviera muerta cuando se recogieron las primeras señales de GPS. La controversia se centra en la interpretación de la información y la necesidad de una verificación rigurosa para determinar las causas del varamiento. La revisión externa permitiría confirmar o refutar la hipótesis planteada por el biólogo y obtener una comprensión más precisa de los hechos.