Las termoeléctricas en el país están operando a solo el 10% de su capacidad instalada, generando apenas 2.700 MW de los 21.000 MW disponibles. Esta baja producción se debe a la falta de mantenimiento y desinversión en la infraestructura. El problema exacerba el racionamiento eléctrico a nivel nacional, a pesar de las promesas gubernamentales de aumentar la capacidad energética en 4.000 MW. La situación pone en evidencia la fragilidad del sistema eléctrico venezolano. La falta de inversión sostenida ha derivado en un deterioro significativo de las plantas termoeléctricas. Esta crisis energética continúa afectando a hogares y empresas en todo el territorio nacional. Se necesitan soluciones urgentes para evitar un colapso mayor del suministro eléctrico.

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