Aranza Hernández, recientemente liberada en Venezuela, ha denunciado haber sufrido torturas físicas y psicológicas durante su detención. Hernández afirma que fue sometida a estos abusos tras ser excarcelada y durante los 15 días que permaneció recluida en las instalaciones de la DGCIM en Boleíta. La joven describió los días vividos como "horribles", sin entrar en detalles específicos sobre las torturas. La denuncia ha generado preocupación sobre el trato a los detenidos en centros de reclusión venezolanos. Este testimonio se suma a otras denuncias previas sobre violaciones de derechos humanos en el país. Las autoridades no han emitido una respuesta oficial a las acusaciones de Hernández hasta el momento.