Estados Unidos llevó a cabo nuevos ataques contra Irán tras un incidente con un petrolero en el Estrecho de Ormuz, marcando una escalada significativa en las hostilidades. El ataque se produce apenas dos semanas después de que ambas partes firmaran un acuerdo de paz provisional para poner fin a un conflicto de cuatro meses de duración. Tanto Washington como Teherán se acusan mutuamente de violar los términos del acuerdo. El ejército estadounidense confirmó la realización de los ataques, sin detallar su alcance o objetivos específicos. Este incidente representa la peor escalada de tensiones desde la firma del pacto. La situación en el Golfo Pérsico se mantiene volátil y con riesgo de una mayor confrontación. La comunidad internacional observa con preocupación la evolución de los acontecimientos.