La operación estadounidense “Epic Fury” en Irán ha concluido generando nuevas fricciones en la relación entre Estados Unidos e Israel, similar a las ocurridas durante el conflicto de doce días del año anterior. La finalización de la operación revela el agotamiento de la paciencia del expresidente Trump con el gobierno de Netanjahu. Aunque los detalles específicos de la operación y las causas de la tensión no se detallan, se infiere una divergencia estratégica entre ambos países. Este descontento estadounidense podría tener implicaciones significativas para la política exterior de la región. La situación actual recuerda a episodios anteriores de desacuerdo entre Washington y Jerusalén. Se espera que esta nueva fase afecte la cooperación bilateral en temas de seguridad y diplomacia.
