Tras décadas de baja prioridad en la agenda política, la defensa europea se enfrenta a una reevaluación impulsada por el cambiante panorama geopolítico. Desde el fin de la Guerra Fría en 1989, los presupuestos militares se redujeron significativamente, afectando la capacidad de respuesta de la región. La invasión rusa de Ucrania ha actuado como un catalizador, evidenciando vulnerabilidades y la dependencia de la OTAN. Actualmente, los líderes europeos buscan fortalecer la autonomía estratégica de la Unión Europea en materia de defensa, incrementando el gasto y promoviendo la cooperación militar. Sin embargo, persisten desafíos en la coordinación, la estandarización de equipos y la superación de divisiones internas. La ambición de una defensa europea más robusta se enfrenta ahora a la realidad de limitaciones presupuestarias y la necesidad de una mayor integración.