En el mercado de Kalerwe, en el área norte de Kampala, Julliet Nakyanzi enfrenta el cálculo difícil y doloroso que define la vida diaria de millones de madres en Uganda. El precio de un kilogramo de frijoles amarillos ha aumentado de 4.000 chelines ugandeses a 6.000 chelines en pocos meses. Este incremento obliga a las familias a ajustar sus presupuestos y reducir la cantidad de comida que pueden comprar. La situación refleja el aumento generalizado de los precios de los alimentos en Uganda, afectando la capacidad de las familias para mantener una dieta adecuada. El aumento de los precios está presionando los ingresos de las familias ugandesas, quienes buscan estirar cada chelín para poder alimentar a sus seres queridos. El fenómeno subraya la creciente preocupación por el costo de vida en Uganda.

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