El atractivo turístico de Turquía, tradicionalmente conocido por su buena relación calidad-precio, está disminuyendo. Una ola de inflación ha incrementado significativamente los costos de alojamiento, comida y entretenimiento. La depreciación de la lira turca ha reducido el poder adquisitivo de los turistas extranjeros, eliminando una de las principales ventajas del país. Esta situación está afectando negativamente el número de visitantes provenientes de mercados clave. Los viajeros están reconsiderando sus opciones debido al aumento de los precios. Este cambio representa un desafío para la industria turística turca, que depende en gran medida de los visitantes internacionales. La pérdida de competitividad económica amenaza la posición de Turquía como destino asequible.