La selección de Túnez experimentó un drástico declive en el Mundial de la FIFA, pasando de una fase clasificatoria impecable a una actuación desastrosa. El equipo llegó al torneo tras clasificarse sin encajar ni un solo gol y con una racha de nueve victorias en diez partidos, aventajando en 13 puntos a su perseguidor más cercano. Sin embargo, en la fase de grupos, Túnez concedió 12 goles en tres encuentros, recibiendo un gol en los primeros siete minutos de cada partido y sufriendo incluso dos autogoles. La mala campaña llevó al despido del entrenador, Sabri Lamouchi, tras el primer partido. A pesar de su éxito en la clasificación, donde marcó 22 goles, el equipo carecía de un delantero centro goleador, siendo su máximo artillero un defensa veterano. La selección evidenció problemas estructurales que se agravaron con la polémica designación de Lamouchi, cuestionado por su pasado representando a Francia.
