La administración Trump está reduciendo las regulaciones financieras implementadas tras la crisis global de 2008, diseñadas para fortalecer la seguridad del sistema bancario estadounidense. Esta decisión implica una flexibilización de los controles sobre las entidades financieras. Expertos advierten que estos cambios podrían aumentar el riesgo de inestabilidad económica y una posible repetición de la crisis anterior. La medida ha generado preocupación a nivel internacional, dado el impacto que el sistema financiero estadounidense tiene en la economía global. Los críticos argumentan que la relajación de las normas podría incentivar prácticas financieras más riesgosas. El gobierno de Trump defiende la medida como un impulso para el crecimiento económico y la simplificación regulatoria. Se espera que estas modificaciones tengan consecuencias significativas en la supervisión y el funcionamiento de los bancos en los próximos años.