Investigaciones recientes sugieren que dejar un intervalo de aproximadamente tres horas entre la cena y la hora de dormir puede tener beneficios significativos para la salud. Este lapso de tiempo permitiría al cuerpo metabolizar adecuadamente los alimentos ingeridos. El control de la glucosa se ve favorecido al no acostarse con el sistema digestivo aún activo. Evitar la acumulación de grasa también sería un resultado positivo de esta práctica. No se establece una hora fija para cenar, pero sí la importancia de respetar este margen temporal previo al descanso nocturno. La relación entre alimentación, metabolismo y sueño es fundamental para el bienestar general. Adoptar este hábito podría contribuir a una mejor calidad de sueño y un metabolismo más eficiente.