Una investigación de SVT revela que diez petroleros vendidos por navieras suecas desde la invasión de Ucrania forman parte de la denominada “flota sombra” rusa. Esta flota se utiliza para eludir las sanciones internacionales impuestas a Moscú. Erik Hånell, director ejecutivo de Stena Bulk, calificó la situación de “muy desafortunada”. La práctica permite a Rusia continuar comerciando con petróleo a pesar de las restricciones. Los buques operan con nombres y banderas diferentes para ocultar su origen y destino. La venta de estos buques contribuye a la capacidad de Rusia para financiar la guerra en Ucrania. La investigación destaca la dificultad de rastrear y controlar el comercio marítimo para evitar el incumplimiento de las sanciones.