Las nuevas cámaras de vigilancia instaladas en carreteras eslovacas han generado controversia debido a su origen poco claro. Las cámaras no provienen directamente del fabricante, sino que fueron importadas a través de una empresa fantasma con sede en Chipre y sin historial previo. La única pista identificable en relación con la procedencia de las cámaras apunta a Rusia. El Ministerio del Interior insiste en conocer la identidad del fabricante, pero la ruta de importación a través de Chipre levanta sospechas. Esta situación ha generado interpelaciones sobre la transparencia del proceso de adquisición y si existen conexiones ocultas con intereses rusos. La falta de información sobre la empresa proveedora dificulta determinar la seguridad y fiabilidad de las cámaras.

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