El tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz se ve afectado por la acumulación de percebes, algas y medusas en los cascos de los barcos, algunos de los cuales han estado inactivos durante meses. Esta incrustación marina reduce la velocidad y eficiencia de las embarcaciones, obligando a costosas limpiezas para restaurar su rendimiento óptimo. La acumulación compromete el perfil operativo de los buques, diseñado en función de su frecuencia de navegación y tiempo de inactividad, afectando la eficacia de las pinturas antifouling. La falta de movimiento impide el desgaste de la resina en estas pinturas, liberando biocidas que previenen el crecimiento marino. Expertos señalan que la limpieza puede generar ahorros significativos en el consumo de combustible, hasta 20 toneladas diarias para algunos clientes. La situación actual, similar a las restricciones durante la pandemia, agrava el problema y subraya la importancia de mantener los barcos en movimiento para evitar este tipo de inconvenientes.
