Funcionarios públicos iraníes denuncian un clima de miedo e incertidumbre creciente debido a las ambiciosas reformas administrativas impulsadas por el gobierno del Shah. La intervención política en la administración pública es percibida como excesiva, generando desconfianza y desmoralización entre los empleados estatales. Estas reformas, de gran alcance, han provocado preocupación por la estabilidad laboral y la independencia institucional. Los funcionarios expresan temor a represalias por expresar disconformidad o resistirse a los cambios. La profundidad de la desconfianza socava la eficiencia y la efectividad de la burocracia estatal. La situación actual amenaza con paralizar la administración y obstaculizar el desarrollo del país. El gobierno no ha abordado públicamente estas preocupaciones.