La actuación de Kalidou Koulibaly, capitán de la selección senegalesa, ha generado fuertes críticas tras la derrota ante Noruega y la crisis evidenciada en el equipo. A pesar de reconocer no estar en su mejor forma física después del partido contra Francia, Koulibaly insistió en mantener su titularidad. Esta decisión, asumiendo la responsabilidad como capitán, es considerada un punto de inflexión que contribuyó al rendimiento defensivo deficiente del equipo. Koulibaly fue directamente responsable de los dos goles encajados ante Noruega, mostrando un desempeño por debajo de su nivel habitual. Su falta de ritmo, errores de posicionamiento y lectura de juego han puesto en duda su liderazgo en la defensa. La situación ha provocado una fractura interna en el equipo, poniendo en tela de juicio la gestión del capitán y su impacto en el Mundial. Su declive físico y técnico ha sido determinante en el mal momento del equipo.
