Durante un mitin en Khombole, Senegal, Maïmouna Dièye, una militante, asoció el nombre del líder político Ousmane Sonko con una invocación de bendición ("salat") reservada tradicionalmente al Profeta Mahoma y otros profetas en la fe islámica. Esta referencia causó incomodidad en el propio Sonko, ya que implica atribuirle un estatus espiritual que, según la enseñanza islámica, es exclusivo del Profeta. El incidente ha suscitado un debate más amplio sobre la posible sacralización de figuras políticas por sus seguidores, algo que líderes religiosos han criticado. Sonko reaccionó rápidamente, valorando el afecto de sus militantes pero aclarando que dicha invocación debe reservarse únicamente al Profeta Mahoma. Buscó así desactivar la polémica y evitar que sus oponentes usen el incidente en su contra, reafirmando la importancia de distinguir entre el respeto a un líder y la veneración religiosa. La situación pone de manifiesto las tensiones entre la política y la religión en el contexto senegalés.