Los recientes datos económicos revelan que los ingresos adicionales de Rusia por la venta de petróleo han disminuido drásticamente. A diferencia de Irán, Rusia no ha logrado capitalizar completamente la bonanza petrolera y se encuentra en una situación financiera aún más precaria. Ante la falta de ingresos petroleros, el gobierno ruso está recurriendo a fuentes de financiamiento domésticas. Esto implica, en la práctica, que la población rusa está comenzando a sufragar los costos de la guerra en Ucrania. Se están tocando las pensiones y los salarios de los ciudadanos para mantener el esfuerzo bélico. La situación indica una creciente presión económica interna para el Kremlin y plantea interrogantes sobre la sostenibilidad a largo plazo del conflicto. Esta medida sugiere una admisión tácita de las dificultades para financiar la guerra a través de los ingresos habituales.