La viceprimera ministra interina, Oana Gheorghiu, ha declarado que lo más impactante de los eventos de la Mineriada de junio de 1990 no fue la violencia en sí, sino la facilidad con la que se convenció a trabajadores honestos de que los manifestantes eran enemigos de la nación. Gheorghiu describe esta persuasión como una manipulación ejemplar, ejecutada con precisión y siguiendo tácticas propias de manuales soviéticos. Según sus declaraciones, la manipulación fue clave para movilizar a la población. La Mineriada, un enfrentamiento violento entre mineros y manifestantes pro-democracia, marcó un punto de inflexión en la transición post-comunista de Rumanía. La funcionaria enfatiza la vulnerabilidad de la población ante la propaganda y la desinformación en ese período. Sus comentarios buscan arrojar luz sobre las dinámicas que llevaron a la escalada de la violencia y la polarización social.