El presidente Vladimir Putin está buscando establecer vínculos con los descendientes de los muyahidines afganos, grupo que contribuyó a la retirada soviética de Afganistán en la década de 1980. Este acercamiento, considerado sorprendente, contrasta con el sentimiento anti-afgano prevaleciente en Rusia tras la guerra. La decisión de Putin se produce en un contexto de inestabilidad en Afganistán y la creciente influencia de otros actores regionales. Anteriormente, un ruso habría sido elogiado por comentarios despectivos hacia los militantes afganos, reflejando el trauma histórico de la guerra. El cambio de postura sugiere una reevaluación estratégica de Rusia en la región. El objetivo de esta nueva política aún no está claro, pero podría estar relacionado con la seguridad regional y la lucha contra el terrorismo.
