Portugal ha demostrado capacidad para invertir eficazmente los fondos de cohesión europea en infraestructura esencial como carreteras, escuelas y hospitales. Sin embargo, el país enfrenta el reto de no depender exclusivamente de estos recursos para su desarrollo futuro. La complacencia con el rol de receptor pasivo de fondos podría limitar su influencia en la asignación presupuestaria de la Unión Europea a largo plazo. Expertos advierten que Portugal debe impulsar su propia capacidad de generar crecimiento económico y atraer inversiones. Esto permitiría al país participar activamente en la definición de las prioridades financieras europeas. De no hacerlo, corre el riesgo de quedar relegado a un papel secundario en los futuros presupuestos comunitarios. La clave reside en la transición hacia una economía más competitiva e innovadora.