El Papa Francisco ha manifestado su rechazo a la "remigración", término utilizado para describir la expulsión de extranjeros por el simple hecho de serlo. En sus declaraciones, el pontífice afirmó que esta práctica es incompatible con los principios fundamentales del cristianismo. La postura del Papa subraya la importancia de la acogida y la solidaridad hacia los migrantes, en contraposición a políticas de exclusión basadas en la nacionalidad. Esta declaración se produce en un contexto de debate global sobre las políticas migratorias y el aumento de discursos antiinmigrantes. El Vaticano no ha especificado a qué eventos concretos se refiere la declaración, pero se entiende como una advertencia general contra la xenofobia. La remigración, según el Papa, no ofrece una solución humana ni cristiana a los desafíos migratorios actuales.
