Durante un cuarto de siglo, Pakistán ha operado bajo un esquema financiero similar a una estafa piramidal, financiando el pago de intereses de su deuda con nuevos préstamos. Esta situación, identificada por el economista Hyman Minsky, se mantuvo a pesar del aumento constante de la ratio deuda/PIB, alcanzando más del 82% en 2023. El gasto en intereses consumió el 61% de los ingresos del gobierno en el año fiscal hasta junio de 2024. A diferencia de los esquemas privados, el Estado pudo sostener este modelo gracias a su capacidad de endeudamiento interno, el apoyo de sus propios bancos y la asistencia financiera internacional. Los dos últimos presupuestos representan el primer intento serio de romper con este ciclo, aunque los avances son principalmente financieros y no estructurales. Persisten los incentivos que llevaron a la crisis, lo que plantea dudas sobre la sostenibilidad a largo plazo de la economía pakistaní y la ausencia de un plan claro para reemplazar el sistema anterior.