Un técnico musulmán que visitaba una iglesia para dar servicio a sus máquinas reveló haber cerrado su exitoso negocio en el centro de la ciudad. Esta revelación, compartida durante una conversación casual, plantea interrogantes sobre la relación entre fe, patriotismo y la situación económica actual. El cierre de este importante negocio local subraya las dificultades que enfrentan las pequeñas empresas, independientemente de la religión de sus dueños. La anécdota invita a reflexionar sobre si el lema "Por Dios y mi país" realmente se extiende a todos los ciudadanos. El incidente ocurrió durante un servicio religioso, añadiendo una capa de ironía a la situación. Esta historia pone de manifiesto la importancia del diálogo interreligioso y la necesidad de apoyar a todos los miembros de la comunidad. Se desconoce el motivo específico del cierre del negocio.