La selección de Marruecos hizo historia al alcanzar las semifinales del Mundial de Qatar 2022, un hito sin precedentes para el fútbol africano. Un dato significativo de este logro es la composición del equipo titular: solo un jugador, Azzedine Ounahi, nació en Marruecos. El resto del once inicial y la mayoría de los suplentes son futbolistas nacidos en el extranjero, principalmente en Europa. Esta situación refleja una estrategia de reclutamiento que ha permitido a Marruecos aprovechar el talento de jugadores con raíces marroquíes pero formados en otros países. El éxito del equipo ha generado debate sobre la identidad nacional y el papel de la diáspora en el deporte. A pesar de la controversia, el equipo ha cautivado al mundo con su juego y ha demostrado que el talento no tiene fronteras. La victoria marroquí es un ejemplo de cómo la diversidad puede ser una fortaleza.
