El texto denuncia la deshumanización de los inmigrantes, quienes dejan de ser vistos como individuos para convertirse en herramientas al servicio de intereses diversos. Se señala que son utilizados como instrumentos geopolíticos, manipulados como símbolos políticos y explotados como mano de obra barata. Esta instrumentalización reduce a los inmigrantes a meras unidades estadísticas, despojándolos de su autonomía y dignidad. La crítica subraya una preocupante tendencia a tratar a las personas migrantes no por su valor inherente, sino por su utilidad para alcanzar objetivos específicos. La situación plantea serias cuestiones éticas sobre el trato y la consideración de los inmigrantes en el contexto político y económico actual. Este análisis expone la problemática de una narrativa que prioriza el beneficio sobre el bienestar de los individuos.