Un análisis reciente en Grecia señala una común denominador en tres situaciones distintas: el amor, la embriaguez y las campañas electorales. Según la observación, en estos contextos, las personas tienden a hacer promesas grandilocuentes y, a menudo, irrealizables. El estudio sugiere que la intensidad emocional o el fervor ideológico que acompañan a estas experiencias disminuyen el juicio crítico. Esta tendencia a la exageración se manifiesta tanto en declaraciones personales como en compromisos políticos. La analogía busca resaltar la fragilidad y la falta de solidez inherentes a las promesas hechas bajo estas circunstancias. El fenómeno se considera un aspecto recurrente de la naturaleza humana en Grecia.