El polígrafo, comúnmente conocido como detector de mentiras, ha sido puesto en duda por la comunidad científica y los tribunales en Costa Rica. En realidad, el aparato no detecta mentiras directamente, sino que registra cambios fisiológicos vinculados al estrés y la ansiedad que experimenta la persona sometida a la prueba. Esta medición indirecta ha generado controversia sobre su precisión y validez como prueba en procesos legales. La jurisprudencia costarricense, al igual que numerosos estudios científicos, cuestiona la fiabilidad de los resultados obtenidos a través del polígrafo. Expertos señalan que las respuestas fisiológicas pueden ser provocadas por factores distintos a la mentira, como el nerviosismo o condiciones médicas preexistentes. Por ello, su uso como herramienta infalible para determinar la veracidad de un testimonio es cada vez más rechazado. Su aplicación legal continúa siendo un tema de debate en el país.
