El debate sobre la reforma del Impuesto Único sobre Inmuebles (IUSI) se centra en una propuesta innovadora: gravar el valor del suelo, y no la construcción erigida sobre él. Esta modificación busca incentivar el uso eficiente del suelo urbano, desincentivando la especulación y promoviendo la densificación de las ciudades. Expertos argumentan que el valor del suelo es un recurso natural limitado, cuyo aumento beneficia a sus poseedores sin esfuerzo propio, justificando así su gravamen. Al gravar la tierra, se podría reducir la carga impositiva sobre las construcciones, estimulando la inversión en mejoras y nuevas edificaciones. La medida también podría generar mayores ingresos públicos para financiar servicios urbanos. El cambio, según sus defensores, generaría ciudades más justas y eficientes, favoreciendo el desarrollo urbano sostenible y accesible.

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