En marzo de 1999, durante la expulsión de familias kosovares albanesas por las fuerzas serbias, Sali Morina y su esposa se enfrentaron a una situación desesperada. Sus tres hijos, todos con distrofia muscular, eran incapaces de caminar por sí mismos. La pareja, en un acto de valentía y amor, tuvo que llevar a sus hijos en brazos para escapar de la violencia y buscar seguridad. Este recuerdo impactante pone de relieve los desafíos adicionales que enfrentaron las personas con discapacidad durante el conflicto en Kosovo. La historia de la familia Morina es un testimonio de la resiliencia y el coraje frente a la adversidad. Subraya la necesidad de considerar las necesidades específicas de los grupos vulnerables en situaciones de emergencia y desplazamiento forzado. Su experiencia es un recordatorio doloroso de las consecuencias humanas de la guerra.