La artista kazaja Radina Yassuyeva se propuso explorar la cultura de su país más allá de los archivos y libros de historia. Para lograrlo, pasó un año entero viviendo en una yurta situada en la estepa. Durante este periodo, experimentó personalmente los ritmos, las rutinas y las dificultades inherentes a la vida nómada. Su objetivo principal fue investigar si las tradiciones pueden conocerse realmente sin ser vividas. A través de esta experiencia, la artista cuestiona la distinción entre la tradición viva y el mito nacional. El proyecto busca analizar cómo se construye la memoria cultural en el Kazajistán actual. Finalmente, su vivencia sirve como base para reflexionar sobre la autenticidad de los símbolos culturales.

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