Un reciente análisis periodístico plantea que el rol del periodismo no debe ser simplificado a un falso dilema entre ser un "perro guardián" neutral o convertirse en un actor político partidista. Se argumenta que el periodismo de calidad inherentemente implica una vocación pública y una función de fiscalización, lo que conlleva cierto nivel de activismo cívico. Sin embargo, este activismo no debe equipararse a la militancia en favor de una causa o partido político específico. La publicación subraya la importancia de mantener una distinción clara entre la crítica constructiva y la promoción de agendas particulares. El debate se centra en cómo el periodismo puede ejercer su rol de control sin comprometer su independencia y objetividad. En esencia, se busca definir los límites de la participación cívica del periodismo sin caer en la parcialidad.