Israel ha decidido no adquirir vehículos eléctricos de fabricación china para su ejército, siguiendo los pasos de Estados Unidos. Esta decisión se produce tras la publicación por parte del Pentágono de una lista negra de empresas chinas vetadas para contratos militares estadounidenses, debido a presuntos vínculos con el ejército chino. Pekín ha criticado esta medida, calificándola de discriminatoria. La medida israelí refleja una creciente preocupación occidental sobre la seguridad de los datos y el posible espionaje tecnológico asociado a productos chinos. Tanto Washington como Tel Aviv buscan proteger información sensible y evitar riesgos potenciales para su seguridad nacional. La decisión podría tener implicaciones en la cooperación tecnológica y comercial entre Israel y China. El gobierno israelí no ha detallado públicamente las razones específicas de su decisión, más allá de las consideraciones de seguridad.